Libros

Destino de Versos

Nazly Mulford Romanos, en su obra Destino de Versos, hace honor a las palabras con las cuales Juan Gustavo Borda describe el quehacer del poeta:

"Quien entra a la cámara nupcial de la Diosa Blanca —la musa de la poesía— debe estar dispuesto a enfrentarse a sus miedos más recónditos, a sus silencios estremecedores, a la muerte misma que suscita la vida."

Y es que la autora se atreve a dejar que sus entrañas griten con la fuerza que adquiere el verso sutil convertido en imagen, el amor, la sensualidad o la muerte...

— María Antonieta Solórzano


Adquiéralo en:

Editorial Luna Maga
Fundación Cedesocial
Cra. 62 # 64-46
nazly.mulford@cedesocial.org

Epístola del amor y sus variantes

Suele pasarme cuando sopla el aire de la luz: toca mis puertas y de pronto me sorprende el canto. La voz serena se entretiene hablando con el sueño, y todas sus metáforas encienden los puntos cardinales, porque en ellos dormita, se despierta, se fuga el amor o permanece ileso en la locura de su propia magia.

"En el tiempo preciso de las cometas", así se escribe Nazly Mulford Romanos en su bitácora de versos, cuando no encuentra los ojos donde quiso navegar. Hermoso poema de soledad, este que le permite a la poeta mirar la sombra que sostiene la ausencia de un amor perdido. Esa misma ausencia que la guarda al lado izquierdo de la cama.

Su libro se titula "Epístola del Amor y sus variantes". Desde la primera hoja sugiere la historia de un tiempo que se enriquece con la llegada del amor. Presencia que transforma y ahonda dentro de la misma vida. Escribe, entonces, su epístola desde la evocación, con las mismas palabras que dejó el recuerdo sobre su piel... y la entrega fragante, con un lenguaje claro; sencillo en la profundidad del legendario adiós que a todos nos cobija, mucho más voz en la ebriedad de aquel encantamiento, que permitió la espera de un "otra vez" de rasgos imprecisos.

Casi al final, en este poemario de fuerzas y fragilidades, aparecen los versos que Nazly titula "Poema para una mujer nueva". Entonces ella crece: se sabe poseedora de sueños, no poseída; puede ser alegre y necesaria en los "golpes de sol"; "es digna, es libre", pero aún siendo otra, llevará puesta su "máscara de plumas".

En la "Epístola del Amor y sus variantes" confluyen los "momentos perfectos" del mundo cotidiano, "la soledad", "la sombra", "la tristeza" a la que describe con una de sus afortunadas metáforas: "sin morada como pueblo al mediodía", y el tiempo que saborea los goces del amor; mientras, a su vez, alimenta el olvido.

La poeta sabe muy bien hasta qué punto un rasguño puede ser lo mismo que un presagio, cuando su rasgadura toca el alma. También aparece el recuerdo como sinónimo del duelo por aquello que se ha ido y emprende un duro y limpio camino, mientras va sanando las heridas. Es entonces cuando la mujer nueva vuelve a soñar.

— Margarita Galindo S.

El lugar del sosiego

Cito la frase de Joyce porque pienso que Nazly ejerce el arte y oficio de la poesía como debería ser: no se obsesiona con los likes en las plataformas digitales, sino que en un consciente exilio interior trabaja en silencio hasta que el poema habla. Sus poemas —sugerentes y profundos—, no encajan en la moda de los "poemas ¡Wao!" —no me refiero al ¡Wao! admirativo, sino al ¡Wao! escandalizado—. Ese que provoca cierta clase de textos que se estructuran a partir de la catarsis, sin el filtro del lenguaje y sin una perceptibilidad distintiva. Luego de escuchar o leer un poema ¡Wao!, una vez pasado el impacto momentáneo... se nos olvida.

La potencia en la poesía de Nazly radica en la seguridad de sus ideas, perspectivas y sentimientos; de la luz que estalla en cada imagen, en cada verso. Tienen alma sus poemas. Amalgaman introspección, sensibilidad y denuncia social. Hay que leerlos despacio, como se degusta lo sugerente. Son de aquellos poemas que si el lector o lectora se conecta, va a sentir que se abren a su interpretación como una matrioshka que contiene versiones de sí misma en su interior.

— Nora Carbonell